Estoy enferma: Me han diagnosticado “trastorno por déficit de naturaleza”

Convoqué a mis amigos para un café, y allí les dije: “Necesito ir urgentemente al campo, estoy enferma, me han diagnosticado trastorno por déficit de naturaleza“, así fue como capté su atención sobre el mal del siglo XXI y que venía padeciendo hacía meses. Stress, apatía, bajada de defensas y ansiedad eran algunos de los síntomas. No me lo diagnosticó ningún doctor colegiado, me lo comunicó mi alma que notaba la agonía de la falta de contacto con la naturaleza.

El término ‘Trastorno por Déficit de Naturaleza” lo acuñó el escritor Richard Louv en el año 2005, en su libroEl último niño de los bosques, generando un movimiento para volver a conectar al ser humano y especialmente, a los niños, con la naturaleza.

 

El ser humano está fisiológicamente adaptado al ritmo que funciona la naturaleza. La tecnología es un avance pero la dependencia e intoxicación que tenemos a ciertos aparatos es para volverse locos. Uno se despierta y lo primero que mira es su whappsap y lo hacemos casi de forma automática, sin darnos cuenta. Hace falta un equilibrio entre la naturaleza y la tecnología.

Todos los seres vivos necesitan seguir los ciclos de la naturaleza y estar en armonía con su entorno. No veremos a una mascota dando vueltas por la casa a las 4:00 a.m. El ritmo frenético que llevamos nos pide parar y nuestra alma llega un momento que no puede más y necesita como sea salir corriendo al contacto de un bosque, un parque, oir un riachuelo, observar un atardecer, etc porque es como cargamos las pilas y nos desintoxicamos del stress.

¿Cómo podemos averiguar si tenemos un déficit de naturaleza?

Los síntomas son evidentes y todos los conocemos: depresión, obesidad, fatiga crónica, estrés, hiperactividad y dificultad para concentrarse. Es lo mismo que le sucede a un animal cuando lo sacas de su entorno y lo encierras en un zoo. Como dice Richard Louv, en su libro, “El déficit de naturaleza no es una enfermedad clínica, no es un trastorno que se pueda tratar con medicamentos. Es más bien una enfermedad social, y el único remedio posible es lo que yo llamo Vitamina N, de Naturaleza: pasar más tiempo al aire libre, manteniéndonos activos y en contacto con los seres vivos”.